Príncipe de paz
tu solo tú, mi fuego eterno,
me llenas de el,
sin quemar mi interior.
Tu solo tú,
zarza de Siòn
luz que arde sin quemar
en tierra sagrada.
Tu solo tú,
caminas entre multitudes
curando enfermos
del alma y cuerpo.
Tu solo tú.
Magnánimo hacedor
Elixir inmortal
Rey bendito, revitalizante energía
Para el humano corazón.
¡OH! Tu padre misericordioso.
trinidad perpetúa.
“Santo es tu nombre…”
alabanza que,
van cantando en sinfonías celestiales
ángeles, arcángeles,
querubines,
santos
y serafines.
Y tú, rosa mística
génesis de gracia divina
pupilas piadosas
sereno amanecer.
En ti la humanidad
se arrulla
al calor verosímil
de tu incólume vientre
tan reina,
tan diosa,
tan madre,
tan hija de Dios santo.
Maria, madre del amor inmaculado
enséñanos a ser como tú:
almas benevolentes,
almas caritativas, justas,
de bien…
capaces de perdonar, amar
y ayudar al hermano desvalido
sin importar el color de piel, creencias,
posición social
y así hallarnos en basta conexión
con el universo y Jesús Divino.
¡OH! Jesús Divino
¡OH! Tú solo tú, luz perpetua
¡OH! Tú solo tú, fuego eterno
sacrosanta e inagotable
vertiente de verdad,
vertiente de justicia,
vertiente de paz,
vertiente de santidad,
ven acompáñanos
en nuestro viaje al paraíso eterno.
TRUJILLO 2007
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