En el recinto negro,
la gélida traición
desenvaino inclemente
la daga del rencor.
Sentimiento, dolor infinito
que lento mana,
por sus pupilas
en ríos de sal.
En aquel recinto aciago,
todo temeroso estas, niño hombre.
Ven, que mi abrazo te consuele
ven, deja que el albor del cielo
bañe tus latidos
de perdones,
de Ilusiones
y alegrías nacientes.
Niño hombre,
toma mi mano
salgamos al jardín,
que el astro rey
ha salido para ti,
y la vida engalanada
de verdes y azules
te vuelve a sonreír.
Lo escribí en el 2009.
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